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El dominio español en el Balón de Oro femenino: cómo se construyó una generación

Desde 2021, todos los Balón de Oro femenino han ido a parar a futbolistas españolas. Alexia Putellas lo ganó en 2021 y 2022; Aitana Bonmatí lo conquistó en 2023, 2024 y 2025, convirtiéndose en la primera futbolista de la historia en sumar tres consecutivos. En la edición de 2025, además, el primer y el segundo puesto fueron para España, con Mariona Caldentey en el segundo escalón.

Una racha así no es fruto del azar ni de una coincidencia generacional afortunada. Detrás hay una acumulación de decisiones tomadas mucho antes de que ninguna de esas jugadoras debutara en la máxima categoría.

Una metodología aplicada sin distinción

El factor más citado por las propias futbolistas es la continuidad metodológica. La formación técnica del fútbol español, centrada en el control orientado, el pase corto, la ocupación racional de espacios y la toma de decisión bajo presión, se aplicó en las categorías femeninas con exactamente el mismo criterio que en las masculinas.

Puede parecer obvio, pero durante mucho tiempo no lo fue en la mayoría de países. En numerosos sistemas nacionales el fútbol femenino se organizó como una versión reducida y con menos recursos del masculino, sin una idea de juego propia, con entrenadores menos formados y con menos horas de trabajo técnico.

España aplicó la misma escuela con los mismos contenidos, y el efecto se nota con claridad en el perfil de futbolista que produce: técnicamente muy sólida, con excelente lectura del juego y con una relación con el balón que se aprecia inmediatamente en espacios reducidos.

La concentración en un club

El segundo factor es más incómodo de analizar pero igual de determinante. La apuesta sostenida del FC Barcelona por su sección femenina creó un entorno de entrenamiento diario de altísimo nivel donde las mejores futbolistas españolas coincidieron durante años consecutivos.

Entrenar cada día contra rivales de ese nivel acelera el desarrollo de una forma muy difícil de replicar en un entorno más disperso. La exigencia cotidiana produce mejoras que los partidos de fin de semana por sí solos no generan.

Ese entorno produjo además un efecto colateral relevante: al competir juntas en la Champions League y alcanzar fases finales de forma repetida, esas jugadoras acumularon la visibilidad internacional que las votaciones de este tipo de premios recompensan de manera decisiva.

El reverso es evidente y lo hemos analizado en Liga F y la WSL: la concentración de talento en un solo club desequilibró la liga doméstica y planteó un problema estructural que la competición todavía está gestionando.

El Mundial de 2023 como acelerador

El título mundial elevó a toda una generación desde el reconocimiento especializado hasta el reconocimiento masivo. Los premios individuales de este tipo dependen de manera decisiva del éxito colectivo, y ganar un Mundial multiplica la exposición de las futbolistas determinantes en el torneo.

Conviene señalar que aquel éxito deportivo convivió con un conflicto institucional grave y con reivindicaciones que las propias jugadoras venían planteando desde hacía años sobre condiciones de trabajo, cuerpo técnico y trato institucional.

Contar solo la parte deportiva sería incompleto y las protagonistas han sido explícitas al respecto en numerosas ocasiones. La generación que ganó el Mundial es también la que forzó cambios estructurales en la federación.

Qué tipo de futbolista premia el galardón

Resulta muy significativo que las cinco distinciones consecutivas hayan recaído en centrocampistas. Ni delanteras ni defensas: futbolistas de organización y de control del ritmo.

Eso dice algo relevante sobre cómo se valora hoy el fútbol femenino de élite. Se premia el control del juego, la capacidad de decidir el tempo del partido y la lectura táctica por encima del volumen goleador puro.

Es un criterio que no siempre se aplica con la misma consistencia en la categoría masculina, donde el gol sigue teniendo un peso desproporcionado en las votaciones. La existencia de trofeos separados para máxima goleadora ha contribuido a esa separación de criterios.

Los premios paralelos

La ceremonia ha ido incorporando categorías adicionales que amplían el reconocimiento más allá del galardón principal: mejor portera, mejor jugadora joven, máxima goleadora, mejor entrenadora y club del año.

Esa ampliación tiene un efecto práctico interesante. Distribuye el reconocimiento entre más perfiles y más clubes, y reduce la sensación de que un único equipo acapara todo. También ofrece una fotografía más completa de la temporada, especialmente en categorías como la de portera, históricamente invisible en este tipo de votaciones.

El resto de categorías y el seguimiento de temporada los publicamos en nuestra sección de fútbol femenino.

El límite de la racha

Ninguna hegemonía es permanente y esta tampoco lo será. Las ligas inglesa, francesa y estadounidense invierten con fuerza, han mejorado sus estructuras de formación y varios clubes han empezado a captar futbolistas españolas para reducir la distancia competitiva.

A eso se suma que el reconocimiento internacional tiende a rotar cuando cambian los equipos dominantes en Champions League, que es el escaparate principal para este tipo de votaciones.

Cómo se vota el premio

Conviene conocer el mecanismo para interpretar bien los resultados. El galardón se decide mediante votación de periodistas especializados, con un representante por país entre los mejor situados en el ranking internacional correspondiente.

El listado completo de nominadas, la composición del jurado y el palmarés histórico de todas las categorías pueden consultarse en el sitio oficial del Balón de Oro.

Cada votante elabora una lista ordenada de preferencias a partir de una preselección de candidatas, y esa ordenación se convierte en puntos. El sistema premia por tanto la consistencia entre votantes de países distintos más que la intensidad de apoyo en un solo mercado.

Esa mecánica explica dos cosas. Primero, por qué la visibilidad en competiciones internacionales pesa tanto: un votante de un país lejano evalúa a partir de los partidos que ha podido ver. Y segundo, por qué las futbolistas de ligas con menos proyección exterior parten en desventaja estructural con independencia de su rendimiento.

Las ausencias históricas

El palmarés tiene un sesgo temporal evidente que conviene señalar. El galardón femenino no se instauró hasta 2018, lo que deja fuera a generaciones enteras de futbolistas que dominaron el deporte en décadas anteriores.

La brasileña Marta, con seis reconocimientos como mejor jugadora del mundo otorgados por el organismo internacional antes de la creación de este premio, es el ejemplo más citado. Su ausencia del palmarés no refleja su nivel sino la fecha de creación del galardón.

Cualquier lectura del dominio actual debería tener en cuenta esa limitación. Comparar el número de premios de una futbolista actual con el de una de los años dos mil no mide talento, mide cuándo empezó a repartirse el trofeo.

La verdadera prueba del modelo español no será cuántos premios acumule esta generación concreta, sino si el sistema de formación es capaz de producir la siguiente sin depender de la coincidencia extraordinaria de talento que hizo posible la actual. Esa respuesta llegará en los próximos años, y es la que realmente medirá si lo construido era estructura o casualidad. Seguimos el asunto de cerca en Premios Femina Fútbol.

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